“Existen todo tipo de cursos para que el directivo,
ejecutivo, gerente, vendedor, supervisor o cualquier colaborador de la PyME,
una vez capacitado, pueda satisfacer mejor las necesidades de sus clientes.
pero, a nadie se nos ha preparado para aquellos casos en los que el comprador
de la gran empresa a la que humildemente le queremos ofrecer nuestros productos
o servicios, además de ser soberbio, patán, insultante y prepotente, no cumple
con su agenda y cree que todos los que vienen a verlo hay que tratarlos con la
punta del pie o viven varios pisos debajo del suyo y deben a su vez tratarlo a él
como un verdadero Dios del Olimpo y además, no se ha dado cuenta que es “esquezofrénico
en grado máximo”…!”
LES COMPARTO BREVEMENTE
LO QUÉ HACE MUCHOS AÑOS ME PASÓ:
Esa fue una
vieja historia. Pensé que nunca más me iba a pasar nada parecido, que era una
cicatriz ya cerrada por el tiempo. Pero, me equivoqué, la herida se volvió a
abrir. ¡Y se llenó de inmediatamente de pus…!
En esa ocasión, y con el coraje saliéndome
por todos los poros por la mala forma en que fui tratado por el área de compras
de la gran empresa a la que intenté venderle mis productos, escribí un ensayo,
parecido a una obra de teatro organizacional llamado: “Cómo no manejar un
departamento de compras”, lo hice, después de haberme topado con un nefasto
comprador “Esquezofrénico”, además de prepotente. Lo vivido en esa triste
ocasión, se quedó en el archivo de los documentos interesantes, pero todavía no
lo he publicado. Ahora lo citaré y comentaré algo al respecto. Pero, si estás
interesado en leerlo, por favor avísame para incluirlo en próximas ediciones.
TAMBIÉN LES COMPARTO LO QUÉ
RECIENTEMENTE NOS SUCEDIÓ AL INTENTAR
OFRECER UNA NUEVA LÍNEA DE PRODUCTOS A
OTRA “GRAN” EMPRESA:
Me volví a
topar con un comprador de la gran empresa que se cree Dios y que todos deben de
hacerle caravanas ante su ineptitud para tratar a los vendedores o representantes
de las PyMES que continuamente los visitan para ofrecerle sus productos y
servicios. Esta es la cronología aproximada de los eventos que nos ocurrieron
hace apenas unos cuantos días:
Conseguimos fácilmente el teléfono
de la gran empresa y particularmente el nombre de la persona encargada de las
compras de los productos que nos interesaba ofrecerles y su extensión
telefónica.
Le llamamos a continuación al
responsable de las compras antes mencionado, queriendo concertar una cita para
hablarle de nuestros productos, principalmente respecto de unos “Vasos de papel
biodegradable y compostable” que estamos fabricando y que seguramente les
ayudarían a cumplir con su propósito de ser una empresa responsable ante el
medio ambiente
Nos contestó el susodicho personaje
y además de preguntarnos y solicitarnos, indicáramos en nuestra propuesta de
negocio nuestras ventajas competitivas, nos dio inmediatamente una cita, la
cual debido a su complicada agenda laboral era un mes después de que le
llamáramos. ¡Sí, un mes, ya que es una persona muy ocupada, la cual, quedó
agendada para el día 16 del siguiente mes a las 10 de la mañana en punto!
Revisamos durante todo el mes preparándonos
para la cita, nuestra estructura de costos variables, los fijos, comparamos nuestros
costos y posibles precios con los competidores, revisamos nuestras ventajas
competitivas, rehicimos la lista de precios, consideramos los costos de flete,
empaque, el descuento por distribución, etc., etc., hicimos todo lo necesario
que mandan los gurús de la administración moderna, en suma, nos preparamos
adecuadamente para una importante cita de negocios con la “gran empresa”. Claro
esta, rehicimos también la presentación ejecutiva especial de nuestra compañía
y la de ventas en Power Point, y también, llevamos nuestra “Lap-Top” por si
fuera necesario emplearla, y un “USB” de respaldo (por si las moscas), es lo
requerido en estas épocas.
Llegamos a nuestra importante cita
el día 16 del siguiente mes exactamente al cuarto para las 10 de la mañana y nos
registramos con las dos bellas recepcionistas. Íbamos elegantísimos, parecíamos
maniquíes de las más importantes tiendas de ropa para caballeros, con traje de
dos piezas, corbata, calcetines y camisa larga nueva, zapatos recién boleados,
etc. Ni en nuestras bodas habíamos estado tan elegantes… Era lo correcto.
Nos indicaron que nos sentáramos en
las sillas junto a la entrada de los cubículos de los compradores y eso hicimos
después de que nos dijeran que el “Sr. Comprador” pronto vendría por nosotros. Nos
preguntaron si ya lo conocíamos físicamente, a lo que contestamos que no. Que
era nuestra primera visita. Éramos vendedores novatos o primerizos para ellas…
¡¡Muy novatos…!! Pero, muy elegantes, rasurados y con colonia buena puesta.
Ya sentados pacientemente esperamos
los primeros treinta minutos hasta que dieron las 10:30 de la mañana, sin que
nadie se acercara por nosotros y decidimos preguntarles a las esbeltas y bien
formadas recepcionistas si ya le habían informado a “Don Comprador” que lo
estábamos pacientemente esperando. Nos indicaron que sí y que pronto vendrían
por nosotros. Preguntamos donde estaban los sanitarios para hacer uso de ellos,
y después de hacerlo, nos volvimos a sentar a esperar que nos llamaran. Dieron
las 11:50 cuando finalmente un fulano medio desgarbado de acercó a nosotros y
nos indicó que pasáramos a uno de los cubículos para platicar. ¡¡Por fin, era
el comprador que esperábamos contactar para ofrecerle nuestros humildes vasos!!
Todo parecía tan fácil, bueno, menos lo de la larga espera de: un mes y una hora y cincuenta
minutos…
Pero, lo que sucedió a continuación
no tiene nombre, aunque en lugares menos decentes dirían que lo que siguió
realmente no tiene progenitora…
Apenas nos sentábamos, el celular
del “comprador” sonó e inmediatamente lo contestó: -Sí, no se me ha olvidado lo
de la junta a las doce. Allí estaré. Besos y abrazos chulis…
Nos miramos sorprendidos, como
diciéndonos telepáticamente, -“después de todo lo que hicimos y esperamos, el Dios
del olimpo frente a nosotros nos había magnánimamente concedido “10 gloriosos
minutos” de su apretada, que digo apretada, apretadísima agenda. ¡Qué
barbaridad…! ¡¡Qué falta de tacto o cortesía…!!
Durante la rápida charla, le
presentamos el muestrario de los vasos y le mencionamos aceleradamente nuestras
ventajas competitivas (pues nos las había pedido…). Lo cual, realmente no
pareció interesarle o llamarle la mínima atención. Como para hacer charla, debido
a lo presuroso de nuestra cita, le mencioné inocentemente que habíamos
mantenido relaciones comerciales durante muchos años con su gran empresa, claro
está, del otro lado de las oficinas, particularmente en las tiendas. A lo que
inmediatamente contestó en forma hiriente: -¡¡¿Pues que quiere usted, que le
compremos a todos nuestros clientes…?!! Personalmente le indiqué que lo que
apenas le había mencionado era para que se diera cuenta que sí conocíamos
profundamente su empresa y los productos que vende en general y los de nuestra
competencia, incluyendo sus precios al
público. Ya no dijo nada al respecto, pero sí vio nerviosamente en su
reloj que casi marcaba implacablemente las 11:56 de la mañana. ¡¡Ya tenía que
irse a su junta, que siempre empezaba a tiempo…!! Me dio risa mental y una gran
pena por el fulano.
La visita terminó un par de minutos
después, ya que el “comprador” tenía una junta urgente que atender y que nos
avisaría pronto que le habían parecido nuestros productos y su cotización, lo
cual pensé, no iba a suceder nunca. Ya que, tampoco lo íbamos a contactar nuevamente
para volver a pasar por tal suplicio.
Me despedí fríamente y me levanté
para salir de inmediato del cubículo donde habíamos estado escasos 9 minutos,
mi hijo, el director Corporativo de Comercialización del Grupo que represento,
salió un minuto después. Eran las 10:59 de la mañana y el resultado de nuestra
visita había sido pésimo. Y yo, estaba nuevamente furioso por el trato que nos
habían dado en un pésimamente administrado y operado departamento de “Compras
de la Gran Empresa”.
¿Por qué? Pues porque no éramos
importantes para el o para la empresa y debiéramos de agradecerle que nos diera
diez minutos de su vida, chance por indicaciones de alguna política escrita por
allí. ¡¡Terrible pérdida de tiempo y esfuerzo para todos!!
Lo peor, había sudado mi traje
recién sacado de la carísima tintorería y estrenado en balde una camisa nueva… Ni
hablar del costo de la boleada desperdiciada en un nefasto comprador de una mal
administrada “Gran Empresa”.
Me quedé pensando al sentarnos en el
carro para retirarnos humillados y despreciados, como le iba a hacer para
reducir al mínimo necesario las compras de unos $50,000.00 promedio anuales que
yo si les compro actualmente en sus tiendas para consumo en uno de los negocios
pertenecientes a nuestro corporativo.
Les informo que creo, que ya tengo
la solución a ese dilema también… ¡¡Ojala y viniera uno de sus vendedores
corporativos a venderme algo algún día, ojala…!!
CONCLUSIONES FINALES:
La sección
dedicada a la “Esquezofrenia Galopante” de esta edición ha intentado tratar un
hueco gigantesco que existe en la relación “Proveedor-Cliente”, donde un
proveedor bien intencionado se topa con un comprador parido por los dioses,
como los que personalmente he tenido la mala surte de encontrarme en mi tortuoso
camino de director-vendedor-todólogo de una humilde PyME. Lo he hecho con el
sano propósito de mejorar ese tipo de relaciones y convertirlas en
oportunidades de ganar-ganar tanto para la PyME como para la gran empresa.
EPÍLOGO:
Hace muchos
años veía una caricatura donde a uno de los personajes lo llamaba “Patán”. ¿Por
qué sería…?
¡Ah…! El nombre del prepotente
comprador “Esquezofrénico” que recientemente tuve la mala pata de encontrarme en
el camino se llama: José Luis Pérez, y le debieran apodar también “El Patán”.
Y, la gran empresa para la que se “supone trabaja” es: “CATCHKE-ITO” (Ver nota
del traductor sobre el verdadero nombre abajo). Tengan mucho cuidado y vayan
preparados si les dan una cita, para poderles ofrecer y venderles algo dentro
de dos o tres meses y más si este fulano les toca que los “atienda… o siquiera
les de un par de minutos en su pésimamente manejada agenda”.
NOTA DEL TRADUCTOR:
La
traducción del nombre “CATCHKE-ITO”, originalmente en idish, significa:
·
“CATCHKE” – Pato.
·
“ITO” -
Chiquito.
·
“CATCHKE-ITO” – Patito.
Bibliografía
y Referencias Consultadas
1. Neuman Praes Jacobo.
“Esquezofrenia. Manual Administrativo”. 7ª.
Edición. 2008. Joega Editorial. (Disponible con el autor o en Librerías Porrúa).
2. Neuman Praes Jacobo. “Le Tour de
France. Una Novela Mexicana sobre Calidad,
Productividad y Cultura”. 2ª. Edición. 2008. Joega Editorial. (Disponible con
el autor o en Librerías Porrúa).
3. Neuman Praes Jacobo. “Esquezofrenia Galopante VS
Hombres y Mujeres E”. Septiembre 2008. Revista Pulso Pyme (Antes Microempresa
Mexicana). Pp.: 32-35.
4.
Neuman Praes Jacobo. “Cómo no manejar
un departamento de compras”. Original del autor únicamente. 1986.