En nuestro país seguimos dando clases debajo de los árboles, en escuelas donde sus techos dejan pasar el agua y el sol.

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En los últimos años se ha documentado el cómo la riqueza en nuestro planeta se ha ido concentrando cada vez más en pocas manos, en pocas personas. Un mundo en el que ocho personas concentra una riqueza equivalente a la mitad más pobre de todo el mundo, una sociedad en la que “una de cada diez personas en el mundo vive con menos de 2 dólares por día” y que 7 de cada 10 personas vive en un país en el que la desigualdad ha aumentado en los últimos 30 años. Estos datos, solo por citar algunos de los que menciona el informe de la ONG británica Oxfam, publicado de cara al foro mundial de Davos  a inicio de este año.

Pues desde luego que esta concentración de la riqueza influye en la concentración de la educación y la cultura en el mundo y, México desgraciadamente, no es la excepción, por el contrario, es un caso de llamar la atención.

Según la OCEDE, en 2012 sólo una pequeña parte del gasto total el 2.5%, en educación primaria y secundaria se destinó a gastos de capital. El gasto de capital se refiere a gastar en activos que duran más de un año e incluye gasto en la construcción, renovación y reparación importante de edificios escolares. Esta cifra es menor que la de los otros siete países que aportaron datos (Brasil, Colombia, Irlanda, Portugal, Sudáfrica, Suiza y Turquía.)

Sabemos, que en México no existe una planeación sobre lo que deberá saber y saber hacer dentro de 20 años una persona que inicia hoy sus estudios de acuerdo a lo que el mundo le demandará; es decir: la economía, la ciencia y la cultura de esa época demandarán. Mucho menos existe una definición de cómo y en qué grado académico deberán ser enseñados estos conocimientos y habilidades, menos todavía estamos preparando a quienes deberán enséñalos, ni bajo que métodos y tecnologías de enseñanza y aprendizaje.

En nuestro país seguimos dando clases debajo de los árboles, en escuelas donde sus techos dejan pasar el agua y el sol, sin el mínimo uso de tecnología, en escuelas sin energía eléctrica o la mínima infraestructura para deportes, con maestros desactualizados, desmotivados y con baja autoestima.

La gravedad de todo esto, es que las generaciones futuras estarán cada vez más lejos de tener una educación y cultura que les permita competir adecuadamente en un mundo globalizado. Si consideramos la cantidad de pobres en México, el profundo abismo donde la han dejado caer y el costo actual de una buena educación, la situación se agrava, propiciando al igual que con la riqueza, una concentración de la educación y la cultura en muy pocas personas, lo que augura peligrosos problemas sociales y económicos, atreviéndome a decir que estamos creando condiciones de esclavitud, que aunque disfrazada, y no queramos reconocerlo ya existe.

¿Hasta cuándo el gobierno mexicano le dará una importancia seria, estratégica a este problema? ¿Hasta cuándo dejará el gobierno de dar cifras a modo sobre esta problemática? ¿Hasta cuándo se dejara que los sindicatos manden sobre las estrategias y necesidades del país? ¿Hasta cuándo se seguirá dejando que grandes talentos mexicanos se pierdan? ¿Hasta cuándo el gobierno seguirá utilizando esta ya alarmante carencia de educación y cultura en su beneficio en elecciones y con fines partidistas? ¿Hasta cuándo como sociedad lo seguiremos permitiendo?

Los que hemos podido tener una educación privilegiada, tenemos la obligación de luchar porque este fenómeno de esclavitud por falta de educación y cultura se siga dando y creciendo.

Este es el reto, ¿Tu cómo participas en la solución?

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