Fue sorprendente cuando comprendí que la persona en la que confiaba mi madre, mi familia y yo sólo buscaba saciar sus instintos. Tenía 9 años cuando inició mi abuso sexual; tenía 11 años cuando fui expulsada del hogar materno por no soportar más manipulación y vejación; tenía 12 años cuando rompí el silencio para denunciar lo que mi padrastro había hecho conmigo en la cama matrimonial, en la sala, en mi habitación… En mi mente transitan recuerdos, imágenes dolientes por un dolor cíclico y un llanto interminable; el rostro de mi madre negando una y otra vez con incredulidad mi realidad, me llenó el alma de una potente voz para gritar ¡sí pasó!, sí pasa…

Mi historia es una de tantas que se viven en nuestro México, una de tantas que quedó sin condena, una de tantas donde el agresor es protegido por la familia de la víctima; sin embargo, pude cambiar el final de mi historia.

Hablar de un abuso sexual infantil es decir cómo con detalle y rutina se aprisiona la mente, el corazón y el cuerpo de una niña, de un niño para ser devorado, lentamente, por alguien al que se ama o respeta.

Pocas personas apoyan y hacen coro a la petición de auxilio de las pequeñas víctimas de este delito. Regularmente, la incredulidad ante el hecho es lo que más lastima el alma infantil, se cuestiona incisivamente a la niña o al niño: “¿por qué no lo dijo a tiempo?”, “¿por qué participó en tales actos?”, “¿le gusto?”, “¿lo provocó?”. Cada interrogante nutre la triada en la que se sostiene el agresor: la ignorancia, la impunidad y el secreto. Esta traída se ha de convertir en la lápida y estigma de cada niño, niña víctima.

Ante tal orfandad emocional, un abuso sexual infantil puede durar años y ser guardado en silencio por décadas; también puede suceder dentro de una familia por generaciones, pues se opta por proteger al agresor: al abuelo, por sus años; al padre o padrastro por ser sostén; a los primos o hermanos por minimizar el hecho; a los maestros y amigos de la familia por ingenuidad. Todos tienen voz, menos aquellos que la necesitan.

México es uno de los países donde más se comete este delito, actualmente, llamado el paraíso pederasta; gran parte de la población lo ha vivido y la cifra negra es apabullante de 1000 casos, sólo 1% llega a juicio, pero nunca con la certeza de condena. Entonces, ¿si la denuncia penal no funciona?, ¿qué sí?

Para sanar un abuso sexual infantil es necesario, después de romper el silencio, denunciar socialmente a aquella persona que a puerta cerrada disfruta de degustar niñas, niños; acompañar a la víctima desde la credibilidad, desde su verdad; es un proceso largo y doloroso, pero siempre necesario, vital. Yo no lo sabía, hasta que a mis 28 años volví a ver a mi madre, llevábamos años de no hablarnos, me negó su mirada después del juicio contra su esposo, así que ya adulta volví a encararle mi verdad… su negación e incredulidad, nuevamente, me rompió. Ella seguiría durmiendo con mi agresor hasta los últimos días de su matrimonio, no dejaría su vida por mí y una vez más, necesitaba me callara. Al salir de ese encuentro me sentía tan frágil como una mariposa, pero con una fortaleza similar, si tenía que recorrer kilómetros para ser escuchada lo haría, estaba dispuesta a sobrevivir, a no dejarme silenciar más… Fue así cómo inició mi metamorfosis.

…la metamorfosis implica la responsabilidad de tener alas y quien tiene alas debe de volar y para volar se necesita pensar, equilibrar y poner todo lo que uno es en marcha.

 

Esta metáfora me acompañaría desde entonces. Era el momento de dejar de ser creadora de ficción para convertirme en activista con vocación. Mi punto de partida era mi testimonio, de donde cree una obra de teatro; mi transito fue conocer después de cada función a más víctimas del mismo calvario que me hicieron comprender que mi dolor no sólo me pertenecía a mí.

Mi destino estaba señalado: crear mi mayor obra de arte, Soñando Mariposas, una propuesta artística de prevención contra la violencia infantil y de activismo a través de mi lenguaje: el teatro. Porque el teatro crea conexiones con nosotros mismos, con nuestra inteligencia emocional, con nuestros sentidos y nuestro imaginario para después crear conexiones con el otro y así entender los claroscuros del mundo.

Y como toda obra de arte que madura junto con su creador, así pasó con Soñando Mariposas, ahora también es una Asociación Civil: Arte, Laboratorio y Activismo Sociocultural, AC y el movimiento activista sociocultural, Alas Amigas, que encabezo está a nivel internacional; tenemos nuestro Centro Cultural en donde cobijamos, protegemos a niños, niñas, adultos que fueron violentados en su infancia, es también desde donde levantamos la voz contra los movimientos pedófilos y contra los pederastas; en donde, a diario, seguimos proponiendo diferentes formas de ver el mundo para proteger a las niñas y los niños de México…

Da miedo romper el silencio y encontrar soledad, vacío, pero somos tantos que el coro de voces se escucha hasta el mar. Nuestra niñez necesita credibilidad.

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Vivadina Jaubert, Directora General de ‘Soñando Mariposas’, habla en entrevista del Proyecto Interdisciplinario para Prevenir el Abuso Sexual Infantil.

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Vivaldina Jaubert
Vivaldina Jaubert

Vivaldina es especialista en abuso sexual infantil, activista reconocida, creadora escénica, fundadora y directora general de ALAS: Arte, Laboratorio y Activismo Sociocultural AC /Soñando Mariposas, y de Alas Amigas movimiento activista sociocultural de talla internacional; todas iniciativas que trabajan para prevenir, sensibilizar y concientizar sobre la violencia infantil, específicamente, el abuso sexual infantil desde 2015 hasta la fecha, y que han sido reconocidas por el H. Congreso de la Unión de la Cámara de Diputados. Su trayectoria inicia en el año 2009 cuando funda el Grupo Andamios Teatro y la sede Casa Andamios Teatro, un espacio para las artes (actualmente activo), en Hermosillo, Sonora. También es fundadora y directora general del Centro Cultural ALAS, AC / Soñando Mariposas en la Ciudad de México. Una de sus iniciativas más importantes de prevención y protección a la niñez mexicana es la primera Marcha CONTRA los movimientos pedófilos (MOP Y MAP) y CONTRA el Día Internacional del Orgullo Pedófilo desde 2019, que ha contado con cobertura nacional. Ha impartido múltiples capacitaciones, conferencias, talleres y presentado obras de teatro en diferentes teatros, universidades, albergues e instituciones Educativas de México, Colombia y España.

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